Diferencias entre autónomos y SL

¿Cuáles son las diferencias entre un autónomo y una SL?

Conocer las diferencias entre un autónomo y una sociedad limitada (SL) es fundamental. En concreto cuando una persona se decide a emprender por primera vez y debe tomar la decisión de optar por una determinada forma jurídica.

La constitución, los costes asociados, las responsabilidades de una y otra modalidad, son las principales variantes. Cada figura tiene sus propias características, y es importante analizarlas y comprenderlas antes de su inscripción.

Cabe mencionar que existe la posibilidad de pasar de autónomo a SL en un momento futuro, cuando se piense que es conveniente. Esto quiere decir que la primera decisión no es irrevocable, es posible adaptar la forma de la empresa a las necesidades actuales en todo momento.

¿Cuáles son las diferencias entre un autónomo y una SL? ¿Cómo saber qué es más conveniente? En todo caso, ¿cuándo interesa cambiar de una forma a otra? A continuación lo desarrollamos.

A la hora de iniciar un negocio ¿Autónomo o SL?

En el momento de creación, formar una SL exige al empresario aportar un capital social mínimo de 3.000€. Esto es una acción que en determinados casos puede suponer un coste elevado para la persona. En cambio, constituirse como autónomo no conlleva ningún tipo de desembolso.

En realidad, los dos puntos claves que diferencian ambas figuras son la responsabilidad y la fiscalidad. Dependiendo de la situación de la empresa en el momento actual es fundamental valorar estos dos factores y en base a las conclusiones decantarse por una u otra forma.

Entender las diferencias: responsabilidad y fiscalidad

En cuanto a la responsabilidad, la diferencia se encuentra en cómo debe responder el empresario frente a sus deudas. Una SL posee responsabilidad limitada. Esto quiere decir que la responsabilidad del empresario queda limitada al patrimonio que hubiese aportado a la sociedad. Los acreedores solo podrán reclamar el pago correspondiente a los bienes o capital societario, no personal.

En cambio, un empresario autónomo tiene responsabilidad ilimitada, con lo que si fuese necesario, se vería obligado a responder con su patrimonio personal para solventar deudas con terceros.

En cuanto a la fiscalidad, la diferencia fundamental se encuentra en el hecho de que las SL tributan por el Impuesto de Sociedades (IS), y los autónomos, como empresarios individuales, se encuentran sometidos al IRPF.

El IRPF es un impuesto para cuya determinación influyen las características personales del contribuyente, así como el origen de las rentas obtenidas. En concreto, los autónomos tributan por rendimientos de actividades económicas, a diferencia de los trabajadores por cuenta ajena, que lo hacen por rendimientos del trabajo.

En todo caso, la principal característica del IRPF es su progresividad. Los tipos impositivos varían dependiendo de la cantidad de dinero obtenida. Así, cuanto más se gane, más se tributa.

Si quieres saber más sobre el IRPF y las rentas sometidas a este impuesto te recomendamos leer: ¿Rendimientos del trabajo o de actividades económicas?

En cambio, el IS es un impuesto con tipos fijos. De forma genérica, tal como se explica en la Ley del IS, se aplica un porcentaje del 25%, aunque en determinados casos es posible disminuir este gravamen a través de algunas deducciones.

En base a esta información, la clave es estudiar cuáles son las características de la empresa. Si la base imponible que se formaría para tributar por el IRPF es superior a una determinada cantidad, tal vez convenga constituir una SL y pagar menos impuestos sin salir de la legalidad. En general, cuanto más elevada sea esa cifra, más conveniente será la creación de una sociedad.

Conclusión

A la hora de comenzar a emprender, si la persona cuenta con pocos recursos, tal vez puede empezar constituyéndose como autónomo. Una vez que el negocio esté en marcha, es posible evaluar su rentabilidad y necesidades y entonces seleccionar la mejor opción según se vaya avanzando. Como mencionábamos anteriormente, cuando la empresa tenga una facturación más elevada puede ser el momento ideal de constituir una sociedad

En cambio, si se cuenta con un capital inicial de importancia, empezar como una SL sí puede ser una buena alternativa. La expectativa de facturación y el nivel de responsabilidad frente a acreedores son factores claves.

En todo caso, y sobre todo si existiesen dudas sobre aspectos más profundos, es muy recomendable consultarlo con un experto, como nuestros profesionales de TeGestionamos. 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *